26.5.14

Critiquita 414: Astro City: Puertas abiertas, K. Busiek y B. Anderson, ECC-DC 2014


Aquí vuelvo con el hype editorial español. Porque una serie de gente con gustos rancios y poco exigentes han encumbrado esta serie, ahora tenemos que consumirla en tapas duras y tomo caro (6´5 grapas al precio de 8´5). Cómo si fuese algo más que puro entretenimiento clásico. Al menos nos hemos librado de las estúpidas sobrecubiertas y las letras con brillitos. Astro City es una serie interesante pero mediocre. Ni el guión ni el dibujo se salen de la típica mediocridad industrial. Bien es cierto que la serie de vez en cuando llega hasta el sobresaliente, pero en conjunto no es nada del otro mundo.



Anderson practica el dibujo realista típico del mainstream realizado con torpeza pero con gris competencia. El tío es incapaz de poner los 2 ojos a la misma altura pero narra de forma clara y comprensible, aunque aburrida, y dibuja cualquier cosa, existente o no, de forma identificable. Lo único bueno que tiene es que es de los pocos dibujantes estadounidenses capaz de dibujar rasgos étnicos así como cuerpos normales y la vejez. El tío se apea ya por edad, no me alegro pero lo agradezco mucho, lo llevo deseando desde el siglo pasado, aunque da pena que lo haga después de hacer su mejor trabajo. Por fin ha conseguido alinear los ojos! Por su parte Busiek es la perfecta contrapartida de Anderson con las palabras. Quizás por eso han sido una pareja muy longeva, algo nada posmoderno. Busiek es un guionista sólo capaz de aplicar las fórmulas narrativas tradicionales de modo que lo suyo es sólo gris competencia. Te cuenta historias de forma sencilla y convencional así que no aburren pero carecen de toda chispa, excepto cuando le suena la flauta. El hecho de que haya conseguido hacerla sonar más de una vez quizás indique que es capaz de hacerlo mejor. Que quizás es como el personaje creado por él para protagonizar el último episodio de este tomo. Un tipo conformista o aburguesado. Tiene familia, casa y trabajo estable y razonablemente remunerado así que no ve necesidad de ir más lejos. Por cobardía y por comodidad el susodicho no quiere tomar riesgos y cambiar las cosas, bien es cierto que la mejora de su vida es una incertidumbre, se trata más de crisis que de progreso, y eso parece que es lo que le pasa a Busiek. No quiere cambiar. Esta en su zona de confort y no quiere ir más allá, cosa típica de un friki como él, de evocar los tiempos que nunca volverán y dar pequeñas variaciones a los clichés y tópicos del género de superhéroes. El hecho de que se le da muy bien dar entidad al hombre de la calle, por ejemplo el personaje que acabo de mencionar, también apunta que Busiek podría ir más lejos de lo que le apetece. Indica que tiene capacidad de ir más allá de la mediocridad.

Una pena porque si yo sigo con Astro City casi 20 años después no es sólo porque un poquito cada mil años se puede absorber (si la serie fuese regular hace tiempo que su grisura la habría matado para siempre), sino porque Busiek suele contar historias de superhéroes que, a pesar de ser normales, jamás aparecen en el mainstream. Se nota que él ha pensado más en que cómo sería una sociedad con superhéroes que todo Marvel y DC en el mismo período de tiempo. Así, aunque el tomo este es supergris sus argumentos son interesantes y un buen complemento al mainstream ya que vemos lo que allí no sale por no ser espectacular o vendible. Así, es muy interesante la idea de una línea de emergencias para contactar con los superhéroes más poderosos aunque la bigrapa es un melodrama barato y ridículo, el episodio dedicado a la gente con poderes que no quiere ser superhéroe o supervillano podría haber sido algo más que un simpático chiste (que esté protagonizada por una vieja dice mucho de lo que es esta serie) pero está bien y para mi es sobresaliente el ligero apunte de un villano que secuestra gente del presente para venderla como esclava en el pasado así como aprovecharse del pasado. Espero que Busiek profundice en ello posteriormente.

En fin, este nuevo tomo de Astro City es más de los mismo. En casi 20 años la serie no se ha movido nada. Por un lado original y fresca y por el otro convencional y gris. Ni rompe ni es lo mismo de siempre. Seguramente esa indefinición o ese fonambulismo en la frontera entre lo diferente y lo usual más su ñoño populismo, todo el mundo humilde es bueno, sean las razones porque siga en el  mercado 20 años después a pesar de tener una cadencia errática, un dibujo torpe y soso, un guión gris y mediocre y ningún personaje popular o regular que fidelice al público. 

19.5.14

Revisando: Ronin, F. Miller, Norma 2001


Este cómic es uno infantil en el sentido de que es puro juego y aprendizaje. Hace ya 20 años Miller había deslumbrado al mainstream con su 1º etapa en Daredevil en donde había demostrado personalidad, audacia, genio y cultura. Durante esta debió de conocer el cómic que lo petaba entre los entendidos por entonces: los cómics franceses de autor de Ciencia Ficción. Los de Moebius, Druillet y cía. Así pues, necesitaba hacer algo para integrar en su bagaje y estilo una nueva influencia. De esa necesidad de reproducir lo que a uno le impresiona, cosa que es la raíz del aprendizaje infantil, surgió Ronin. Por eso es una historia de Ciencia Ficción distópica, todavía a principios de los 80 llegaban los ecos de la ola distópica de mediados de los 70 (Rollerball, Cuando el Destino nos alcance, Los náufragos del Tiempo, La supervivienteMad Max...), mezclada con una de samuráis y aderezada con los temas que hoy ya sabemos que son millerianos: las mujeres fuertes, el heroísmo épico, la crítica política, la lucha entre individuo y poder, la transformación personal...


Lo primero que hay que decir es que Ronin es una obra en conjunto normalita. El ser una historia producto de referencias aunque tiene personalidad no llega al notable. Los personajes no son carismáticos e interesantes, el argumento es sencillo y tópico, no sorprende al que conoce a Miller... Es visualmente poderosa, aunque se nota que el estadounidense es incapaz de seguir la senda artística de los franceses, pero tampoco es muy diferente a su obra anterior y es inferior al poder de sus obras inmediatamente posteriores. Si bien estas lo son gracias a todo lo que aprendió haciendo Ronin. No obstante, este cómic tiene su miga. Un discurso que no es fácil ver si se hace la lectura pasiva de siempre. Como siempre Ismael nos enseña a ver.

Ronin, como todas las historias tradicionales de héroes, es simbólica. Billy, el que al principio parece el protagonista y acaba siendo la damisela en peligro a salvar por el héroe, es en realidad un niño, un ser en potencia. Billy puede ser cualquier cosa pero en realidad no es nada porque está dominado por la corporación y por su madre. Es algo evidente de ver pues Billy es un humano reducido a un tronco, es decir, no tiene autonomía física, y además es muy ingenuo, pero aún así no salta a la vista con la lectura. El problema que tiene, lo que le hace fácilmente dominable, es su aislamiento, su falta de autonomía y monstruosidad dificulta su integración en la sociedad, y un trauma infantil. La desaprobación materna le ha hecho tener un complejo profundo que hace que busque aprobación en figuras de poder, sobre todo si son mujeres. El malo de la historia no es tan evidente porque aparece al final. En eso Miller está magistral engañando al lector con su juego. Al principio el villano parece que es el típico empresario sin escrúpulos y mammonista pero al final resulta que es la nueva madre de Billy, la biocomputadora construida para regenerar la Tierra del 2030 (ahora más cerca que la fecha en que se publicó este cómic) destrozada por la humanidad. Ella le manipula haciendo que se materialicen sus fantasías para lograr que triunfen sus planes de sustitución de la humanidad. En esto me separo del maestro (que sin duda hablaba por recuerdos). No creo que Virgo (nombre parlante, virgen, su hijo Billy no le ha germinado en su interior por causa sexual, que es una palabra latina emparentada con vireo que significa verdecer -el verde es precisamente el color de Virgo, de la biotecnología- que supongo relacionado con vir, hombre) quiera la independencia de Billy. Ella es el villano, representa el poder tiránico que es siempre el malo en Miller. El conflicto y la emoción está en ver si la maia generada por Virgo para lograr la sumisión del protagonista triunfará. Billy, el hijo de la Virgen, será capaz de ver la realidad a través de la ilusión para  salvar a la humanidad? Para ello está el auténtico héroe de Ronin, Casey. Una guardiana que recuerda mucho a Elektra. Una persona fuerte, capaz, dura y valiente. Un adulto que es capaz de ver la realidad a través de las ilusiones infantiles y así hacer madurar (verdecer)  a Billy. En la mentalidad tradicional sólo las mujeres pueden hacer madurar a los hombres ya que son las únicas capaces de sacar al hombre del niño (lo mismo pasa al revés). Una mujer es la única capaz de cortar el cordón umbilical que une al niño-hombre en potencia con su madre. Así, obligándole a hacer un seppuku (cortarse el vientre, desventrarse) es como Casey consigue separar a Billy de Virgo y así salvar a la humanidad, pero no definitivamente pues esta sigue teniendo problemas. Casey sólo ha curado los síntomas, el apego a la ficción escapista mediante la cual se nos domina (muchos años antes que Matrix). Fantasía que paradójicamente es la que nos enseña el camino heroico. Así pues, el problema de Billy no es fantasear sino la de no salir de sus fantasías, es decir, la minusvalía real de Billy es su inmadurez. Pero ahora la humanidad tiene a su superhombre, eso es lo que nos indica la última viñeta. Una splash-page en donde Billy es ya un hombre completo vigoroso y viril con todo por delante, lo que deja ya en un 2º plano a Casey. Por eso está a sus pies de rodillas, agotada y herida. Casey ha ejercido de esposa-madre para que el esposo-hijo florezca hasta ser capaz transformar con su poder el mundo. En la mentalidad tradicional la mujer da a luz y hace madurar, pero la manipulación de la realidad es tarea del hombre por ser el más fuerte.

Así pues, Ronin es otra historia de renacimiento de Miller. El hombre se purifica, se sacude la ilusión, y así deviene en héroe capaz de transformar un mundo podrido o de disipar la oscuridad con su antorcha-rama dorada. Una historia que perfeccionó hasta llevarla a lo sublime cuando retomó Daredevil titulada, precisamente, Born again. Por tanto, Ronin es una lectura atractiva y una obra capital del cómic estadounidense. No es una de las mejores obras de Miller pero eso no importa para disfrutarla si a uno le interesan los temas tratados por este cómic.

12.5.14

El barón rojo, la Ilíada de Roger Corman


El título original desta peli es Von Richthofen and Brown y, como suele pasar, da una idea más certera que el español sobre de qué va. No obstante, en ella, esos dos tipos, el barón rojo y el tío que oficialmente le mató, no son aliados sino que están enfrentados, luego un "contra" hubiera sido más preciso que una "y". Así que el que sus autores hayan optado por la 2ª significa que privilegian la similaridad sobre el enfrentamiento y la igualdad frente a la superioridad. Así pues, la peli escenifica un conflicto entre 2 iguales. No es un biopic como el título español indica. Su guión es intelectualoide pues lo que cuenta es el enfrentamiento entre ideas opuestas que, como es tradicional, se encarnan en 2 personas para poder hacer un relato de ficción en vez de una reflexión abstracta. De ahí también que no se atenga fielmente a los hechos y no respete personalidades, Brown no fue como sale en el film. 


Para la peli, la Primera Guerra Mundial más que un conflicto entre Alemania y los anglosajones (en el film los franceses salen poco y los demás nada), los ingleses, los canadienses y los estadounidenses, entre estados o naciones, fue uno entre sistemas, entre un Viejo Mundo y un Nuevo Mundo. La peli sintetiza aquella guerra que no acabó con todas las guerras en el duelo entre el Ayer, representado por un aristócrata (aunque el título de Von Richthofen se traduce por barón en realidad este no tiene traducción en castellano; quizás sea mejor hidalgo pues no supone propiedad), Alemania en la Primera Guerra Mundial era un imperio, es decir, sus habitantes no eran ciudadanos sino súbditos (cómo nosotros!:) y englobaba diferentes naciones (por eso el barón rojo hoy sería polaco), y el Hoy, los anglosajones, que por contra eran ciudadanos (evidentemente con matices porque canadienses e ingleses tenían rey, que también era emperador, pero sus poder dentro de su reino era menor que el del káiser), por eso están representados por un plebeyo. Así, en la peli, Richthofen representa a la riqueza reaccionaria, contraria a las nuevas ideas democráticas y progresistas, y Brown representa a esas ideas, la nueva humanidad, hombres, no caballeros, que se abre camino liberándose de sus opresores. Este rollo de lucha de clases es el lugar común de las películas sobre la Primera Guerra Mundial de los años 50, 60 y 70 del siglo XX, seguramente un reflejo de las luchas clasistas que se daban, sobre todo en Europa, en aquellas décadas.

El guión no se queda sólo ahí, en el plano político, pues asocia otros elementos a la dialéctica entre lo Viejo y a lo Nuevo, la tecnología y el espíritu guerrero, dentro de una visión heraclitoidea de la guerra. Héraclito fue un filósofo presocrático y uno de los pocos humanos en alumbrar una frase capaz de resumir toda la Historia: la guerra es de todos padre y de todos rey; a unos establece como dioses y a otros como hombres, y a unos hace esclavos y a otros libres (traducción propia). Richthofen y Brown enfocan de manera diferente la guerra precisamente por pertenecer a sistemas distintos. Así, este último no le gusta la guerra, más que odiarla la teme, pero la hace para sobrevivir. Por ello su enfoque es frío y racional. Le interesa la técnica, conocer cómo pilotar y cómo funciona la aeronáutica, y no se preocupa de cosas como el valor o el honor. Afronta la guerra con puros y fríos criterios de eficiencia, por ello resulta que va más lejos que el bando alemán pues el resultadismo no está limitado por la caballerosidad. Así, el bando demócrata acaba "inventando" el ataque por sorpresa contra el enemigo desarmado. Mientras, la caballerosidad y, sobre todo, el ánimo guerrero es lo que tiene Richthofen pero no Brown. Para el 1º la guerra es una cuestión pasional, en la realidad el empezó la guerra en caballería, cuando esta dejó de combatir, pidió el traslado a la nueva y reciente fuerza aérea (la infantería y la artillería no son armas aristocráticas), y el volar una cosa de instinto. Esto parece que realmente también fue así. Por lo visto no fue el que más aviones derribó en la Primera Guerra Mundial, 80 aviones (es cierto que sólo sacó 5 al 2º pero es una marca excepcional como indican datos como el que la media de los ases -pilotos que al menos han derribado 5 aviones- de la Primera Guerra Mundial es de 9 y derribar a más de 28 fue algo ultrahumano, solo 75 tíos entre miles fueron capaces), por ser un gran piloto sino por saber cuando atacar. Seguramente eso se deba a que para él guerrear era cazar, cosa de astucia, paciencia y nervios de acero que demuestra superioridad (se es más rey de la selva-Naturaleza que un león, más fuerte que un oso, más valiente que un jabalí, más astuto que un lobo, más rápido que un ciervo...). Por eso la aristocracia siempre es totémica. Así pues el acercamiento de Richthofen a la guerra es la del guerrero tradicional cuyo epítome es el Aquiles de Homero, aquel que estaba dispuesto a morir joven en batalla por la gloria eterna en vez de vivir feliz y morir de viejo y caer en el olvido. Por tanto para el barón rojo todo es un duelo (cosa por otro lado sólo posible en la guerra entonces, y ahora, en la aviación),  el conflicto entre estados o entre sistemas es cosa secundaria. Así, cual guerrero homérico, pierde el culo por coger los despojos de su enemigo para que, convertidos en trofeo (a la vez monumento y humillación), decoren su pared y cada vez que derriba un avión encarga a un joyero que le haga una pequeña copa de plata  (cosa que dejó de hacer porque en el Reich del final de la guerra ya no había plata para frivolidades). Las victorias están para conmemorarlas porque son algo personal. Para Brown tan solo significan que falta menos para que la guerra acabe, un enemigo menos solo significa que quedan menos que matar. No hay nada que celebrar porque se mira al futuro en vez de al pasado. Relacionado con eso hay otra escena que parece sacada de la Ilíada: tras ser herido gravemente en la cabeza Richthofen cae en tierra de nadie de modo que infantes alemanes e ingleses han de disputarse su cuerpo. Este tradicionalismo lo pinta como alguien despiadado y cruel, como el Aquiles de la Ilíada, casi un psicópata. Algo subrayado por la buena interpretación de J. P. Law pues lo encarna como alguien frívolo e infantil, cosa a su vez subrayada por su aspecto juvenil (Richthofen murió a punto de cumplir 26 años y Aquiles debió "morir" con poco más de 26). Esto la peli lo establece rápidamente y magníficamente al principio al dejar claro que un piloto siempre sabe cuando ha matado a alguien. En cambio un soldado o un artillero sólo lo sabe en situaciones excepcionales. Así, si en la guerra hay asesinos, estos son los pilotos. Lo que le interesa a Richthofen es vencer, le da igual que eso implique matar, porque es destacar. Así pues, Brown es muy humano, pues afronta el combate cagado de miedo, para él la guerra es un marrón, mientras que Richthofen, además de no tener miedo le encanta la sangre, por tanto es un depredador u hombre de presa, pero en cambio el "barón" no ataca a enemigos derrotados y no solo se niega a pintar su avión para camuflarlo (algo dictado tanto por la técnica y la eficiencia como por el miedo) sino que lo pinta de rojo (aunque no se piensa que fuese el rojo escarlata con el que ha pasado al Olimpo Pop). Un buen aristócrata es aquel que siempre es fácilmente identificable, de ahí las plumas, los dorados y los colores vivos de sus uniformes. Honor antes que vida, eso es lo que impidió huir al humano Héctor Priamida cuando se enfrentó al divino Aquiles Pelida. Las diferentes aproximaciones al hecho bélico de los 2 polemistas están genialmente sintetizadas en 2 de los mejores momentos de la peli, el interés romántico de Brown resulta ser una humilde mutilada mientras que la de Richthofen es una célebre rubia rica. Las mujeres de cada uno son la idea de LA Guerra que tiene cada uno. Para Brown es una terrible tragedia, por eso no puede descansar de ella, y para Richthofen es belleza, riqueza y gloria-prestigio. Por eso al canadiense nunca le condecoran, a pesar de sobrevivir-ganar, y al alemán le pasa varias veces, una de ellas a manos del mismísimo káiser. Este punto es algo que deja sin resolver la peli, aunque no deja de tratar heroicamente al alemán, qué es mejor, la brutalidad plebeya o la caballerosidad despiadada (lo único obreril que Richthofen hace en toda la peli es bajar la palanca que acciona sus ametralladoras)? No obstante la peli sí sugiere que precisamente la superioridad y letalidad de Richthofen, análoga a la que el semidivino Aquiles tenía sobre los muy humanos troyanos, es lo que empuja a los plebeyos hacia la eficiencia y la brutalidad. Richthofen al cargarse a su homólogo inglés, que era tan caballero que brindaba por él por considerarlo admirable, cosa que no comprende el mezquino plebeyo Brown pues no entiende porque se celebra a un enemigo que mata compatriotas (con ello introduce el pernicioso nacionalismo en un conflicto aristocrático, sólo está en juego el honor y la superioridad por eso las derrotas en uno de estos nunca cambian el orden prebélico, y así abre la puerta a uno de los plebeyos más célebres, Hitler), quita el freno a la técnica y la eficiencia que limitaba al bando anglosajón. Sin la caballerosidad, que es un combate honorable (si bien el plebeyo tiene razón en que este deja de serlo cuando uno de los contendientes tiene superioridad manifiesta), el miedo y el espectro de la derrota triunfan cayéndose entonces en la técnica y la brutalidad. Lo que sea por no ser pichones o platos para un aristócrata con escopeta. El talón de Aquiles de los aristócratas es que nunca vieron que la guerra es una cuestión de supervivencia. Así, aunque la peli no contesta a esa pregunta, sí explica claramente y con genialidad porque la Guerra acaba siendo terrorífica. Cuando se mata y se muere constantemente la gente pierde su humanidad. Así pues la y del título viene de que Brown y Richthofen son igual de protagonistas.

El barón con un pedazo de trofeo...

Este discurso intelectualoide y un tanto ahistórico (el guión mete a Goering donde no estaba e insiste demasiado en el nazismo, que no nació hasta después de la Primera Guerra Mundial pues fue una de sus consecuencias) dado a luz por un guión episódico bien desarrollado que avanza por pares dialécticos, lo dirige R. Corman con un sobrio clasicismo, si bien con escasos pero potentes ramalazos  líricos o de autor. Con lo que, al igual que el guión, se mueve entre lo vulgar y lo sublime. Hay que disculpar a Corman porque la película es de 1971, es decir, que los combates aéreos se tenían que rodar simulándolos en la realidad y eso limita mucho la dirección: no se puede hacer cualquier plano porque no se puede colocar la cámara en cualquier sitio, no se puede repetir tomas y lo que pueden hacer los aviones es muy limitado pues los pilotos-especialistas no se van a matar por una peli. Así, hoy las escenas de combate quedan muy frías, torpes, caóticas e incomprensibles y con ello el film no puede dar las dosis de epicidad y emoción que tanto la historia como el guión demandaban. También le pesa a Corman su historial de cineasta que primaba la rentabilidad (otra palabra para eficiencia) ya que no se ocupa de los actores y está muy sobrio a pesar de que esta producción tenía un presupuesto que en la década anterior le hubiera permitido hacer lo menos 100 pelis. Además de dar para usar aviones de la época dio para un buen y variado vestuario de época y para muchos escenarios y extras. No obstante, sequedad es lo que una peli tan descarnada necesitaba, el guión ni glorifica ni maquilla, y, Corman, como cineasta inteligente que es, supo entender el guión, culto y bien documentado obra del matrimonio Carrington, por lo que vio cuando había que dar el do de pecho. Por eso el film está punteado de escenas notables de las que destacó la presentación, maravillosa, del avión último modelo que Fokker diseña-construye para que el barón mate mejor, rodada como si fuese un anuncio de coches, con chica guapa incluida, y el final, un casi primerísimo primer plano del barón muerto en su avión posado en tierra con el cielo de fondo y una música de final. Tras deslumbrar a la humanidad algo concluye.

Así pues, no extraña que esta peli fuese un fracaso, algo que afectó mucho a Corman, tardó 20 años en volver a dirigir. Que el protagonista no sea un tipo normal, que no sea maniquea como la Ilíada pues su tratamiento de la guerra no es panfletario, edulcorado-espectacular (algo que debió molestar en pleno Conflicto de Vietnam) y patriotero, esto es otra cosa que dice la y del título, los protagonistas no son enemigos sino combatientes, al hablarse de la Guerra y no de un conflicto interestatal se resaltan las semejanzas de los contendientes activos, ambos son guerreros y ninguno el bueno o el malo, y su helenismo son cosas que disgustan al gran público porque no sabe manejar la cruda realidad ni tiene cultura, y sus incorrecciones históricas y falta de espectacularidad son cosas que disgustan a los amantes del cine bélico/histórico cegándolos, como suele pasar con los talibanes/frikis (gente que sólo le importa el detalle). Por tanto, es una peli que aún permanece incomprendida pero que honra a Corman al demostrar que no es el típico empresario estadounidense y a los Corrington por su reflexión sincera y cruda aunque se apropie del alemán para sus fines. El quid está en que El barón rojo es una parábola. No cuenta una historia sino que esta sirve de portadora de un discurso ideológico. Por tanto, hay que verla como una abstracción o un ensayo. Cuando se hace así se puede apreciar las virtudes que tiene esta peli fallida por adelantarse a su tiempo, por enfocarse como una de masas y por no integrar bien lo narrativo con lo ensayístico. Entiendo que cuando la videé en mi adolescencia por 1º vez me dejase huella a pesar de no pisparme de nada. Es una peli atípica y original y, a su modo, otra historia épica griega.  

6.5.14

Omega: Vengadores Oscuros


Termina con este tomo la colección de los Thunderbolts. Una serie que, a trancas y barrancas, ha oteado los 200 episodios, todo un logro para una cole creada después de los 80. Una hazaña que tiene mucho mérito teniendo en cuenta que ha estado protagonizada por personajes poco conocidos o nuevos y que jamás ha superado el bien, aunque durante un breve momento estuvo en la cresta de la ola. Una pena para mi pues la llevo siguiendo desde comenzó su edición, allá por 1998. Poco más de 15 años.

El final se veía venir. Ya lo presagiaba yo por aquí puesto que la serie era demasiada mediocre para un mercado tan pequeño y competitivo como el actual. Yo reclamaba un cambio en el equipo autoral, un guionista más chisposo y que no se fuera por peteneras y un dibujante más atractivo, sin embargo Marvel prefirió cambiarle el título, quizás más acorde con lo que siempre han sido, supervillanos haciendo de superhéroes, y meter gente nueva, personajes nuevos y totalmente desconocidos. El resultado ha sido el esperado. Fin. Aunque según cuenta el guionista en el tomo el cambio de título permitió estirar la cosa casi un año más. La gente que tonta es, le cambias el envoltorio y se cree que va a encontrar otra cosa.

Dónde he visto yo esto antes?

Lo único bueno de este final es que J. Parker, el guionista, hace su mejor trabajo de su demasiado larga, y por ello letal, etapa en los Thunderbolts-Vengadores Oscuros. Por fin una historia que supera la mediocridad y donde por fin la querencia de Parker por ambientar las aventuras del supergurpo fuera del presente del Universo Marvel ha dado resultado. Así, este tomo es un digno final a una de las coles históricas de Marvel, todas las que superen los 150 nº lo son. La historia es un poco larga, cosa normal, pero es dinámica, entretenida, sorprendente y vibrante. Genial su Tierra Marvel alternativa, atractiva y coherente, y los chistes sobre las ocurrencias Marvel de los últimos tiempos. Al menos los comics de Hickman han servido para algo bueno. Gracias Parker pero demasiado tarde. Yo sigo con mi interpretación de que los guiones están inspirados en la situación del guionista en Marvel. Recordemos que tras finalizar esta cole se ha marchado a DC. Parker nunca ha estado cómodo en Marvel, siempre que ha podido ha contextualizado sus historias fuera del presente, como ejemplifica su estancia en esta cole. Pero por lo que se trasluce -si no se me ha ido la olla- en sus comics ha sufrido editorialmente. Si bien sus coles nunca han ido bien en ventas. Probablemente por ello aquí los malos son los superhéroes y al final vuelve a liberar a los protagonistas. En el anterior tomo Parker liberó a los protas de la sumisión al Estado y en este final vuelve a hacer lo mismo. Los Vengadores Oscuros, de los que sólo queda de los originales Piedra Lunar (aquí recupera un poco de su protagonismo), quedan libres y algunos mejorados. Parece que Parker compensa su sometimiento editorial liberando a los personajes de las ocurrencias Marvel. Por muy villano que se sea es una injusticia ser privado de la libertad y ser usado como herramienta por intereses espurios.

Ayuda el nuevo dibujante, N. Edwards. Un tipo que sigue la estela de B. Hitch aunque con menos talento, con una narrativa más convencional y casi sin fondos, como asalariado que es no puede trabajarlos porque no tiene carta blanca. A mi la propuesta realista no me parece la mejor para dibujar superhéroes ya que vulgariza y acartona las figuras y eso es contraproducente para un género de fantasía y acción como es el superheroico, pero Edwards se lo curra, es un todoterreno y es expresivo. Ha sido uno de los mejores dibujantes que ha tenido la colección. Más vale tarde que nunca, aunque cuando es al final pues ya como que da igual. También se pasa por aquí un tal M. Pierfederici.

En fin, un final que es todo lo definitivo que puede ser un fin en una industria cíclica como el mainstream. Parker ha dejado las cosas bien interesantes: una alineación atractiva con puntos con mucho potencial como el control del bueno por la mala, la búsqueda de originalidad de las malas copias y la presencia de 2 rubias manipuladoras y brillantes en el grupo, una redundancia que en manos hábiles puede dar mucho juego, ya apostando por lo fácil, pelea de gatas, ya apostando por una análisis de los clichés femeninos en la industria del entretenimiento masculino. Lamentablemente parece que Marvel no tiene mucho interés por esta nueva alineación, no pega con su enésima reinvención.
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