29.12.12

Relecturas LXXXVI: Warlock: La amenaza de Thanos, J. Starlin et al., Panini-Marvel 2012

Warlock: La amenaza de Thanos es tanto la secuela de la Saga de la Contratierra como de la Guerra de Thanos, obras que se publicaron por primera vez más o menos simultáneamente, y la obra que supone el principio de la madurez de Starlin como autor, pues sobre esta va a pivotar el resto de su producción marvelita. Este las unió, unos pocos meses después de finalizar el último título mencionado y de abandonar la cole del Capitán Marvel por diferencias creativas, por elección propia ya que pasó a escribir sobre Warlock porque este, gracias a R. Thomas, estaba en el limbo y al tener un corto pasado y no tener rumbo era la base ideal para completar el par dialéctico que necesitaba para las historias que quería escribir.
Ya dijimos que el secreto de la obra de Starlin en Marvel es que sus historias superan el maniqueísmo propio de los superhéroes. Él habla sobre como el individuo se enfrenta a la Vida, por eso su producción tiene aroma de clásico. En sus manos los superhéroes son los alter egos de los lectores. Vida entendida como la mezcla dolorosa entre Caos y Orden, que no son exactamente Mal y Bien. Para ello creó a Thanos, el avatar de la muerte. Starlin enfrenta a los héroes a la mayor amenaza para un mortal para poder hablar sobre la Vida, pues es en las situaciones límite donde está la emoción que debe tener todo relato y donde todo es más brillante y claro. Una amenaza refinada pues aquí Thanos ya no es el villano de opereta de la Guerra de Thanos encubierto por su maquiavelismo y por unas contradicciones y pasiones que le humanizaban como a los dioses griegos, sus parientes. En La amenaza de Thanos (título que, por cierto, espoilea) el susodicho ya no es tal porque la experiencia acumulada permitió a Starlin pulirlo para ajustarlo a la idea que tenía de él, un ultravillano, un ser divino mucho más cercano a Galactus que a Darkseid en cuanto que no es metáfora de facetas humanas negativas sino de ideas abstractas ominosas. Su nave, además de tener la capacidad de destruir planetas (unos años antes de Stars Wars), tiene una perspectiva escheriana (con explicación racional, con botas magnéticas se altera el arriba y el abajo pero Starlin se olvida de la gravedad), por tanto no es algo del mundo ordinario, puede viajar en el Tiempo y ya no tiene servidores sino seguidores-creyentes (se ve más claro en La muerte del Capitán Marvel, obra que parte del final de la historia de la que estamos hablando). Así, aquí no tenemos al Thanos de la Guerra de Thanos, colérico y vanidoso como cualquier villano de opereta, sino al Thanos sereno, calculador y frío, por tanto más despiadado y taimado, en suma, más terrorífico, que en los 80 se convirtió en uno de los mejores villanos de Marvel, condición que no ha abandonado como demuestra el que vaya a pasar al Cine.
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Además de un Thanos un tanto vulgar, lo que lastró el primer trabajo de Starlin en Marvel fue que no contó con el superhéroe adecuado. La elección del Capitán Marvel no era mala, pero tampoco era óptima porque era un personaje poco metafórico y demasiado convencional para ser un avatar de la Vida adecuado. Warlock sí podía serlo por su cualidad divina y desinteresada mostrada en esa historia fallida que es la Saga de la Contratierra y conocida por el connossieur marvelita de los 70. Además, su piel dorada le venía bien a Starlin para evindenciar la divinidad del personaje, recordemos que cambió el color plateado del pelo del kree por el dorado. Pero este autor necesitaba hacerle suyo así que procedió a cambiarlo aprovechando su escaso y marginal recorrido. Cambió la gema-alma que Kane le dio aprovechando que Thomas y sus continuadores no la habían clarificado y lo rediseñó quitándole el rayo del pecho y dándole una capa que curiosamente se abrocha con un broche que tiene la forma de un cráneo colmilludo, un símbolo ominoso y de muerte que no encaja con el avatar de la Vida, pero los personajes de Starlin son contradictorios y el brujo es un personaje trágico. Después le sometió a unas pruebas iniciatorias que también tenían el objetivo de elevarle a la altura de Thanos para poder ser su némesis. Lo mismo que había hecho con el Capitán Marvel. De esto va el principio de este tomo. Esa es la auténtica misión del Magus.  Él no es la verdadera amenaza sino Thanos, un giro argumental genial que debió funcionar en su época (nadie sabía que había pasado con Thanos tras la rotura del Cubo Cósmico) pero que aquí los geniales editores de Panini no han pensado en el posible comprador desconocedor de la historia que contiene el tomo como yo (la editorial cree que sólo los viejos del lugar pillan estas cosas o el nombre del titán es un reclamo comercial?). El hecho de que el Magus conserve el rediseño de Kane (pero de color violeta, guiño al Joker?) refleja que, a pesar de lo que él cree, no ha transcendido y por ello no puede ser el campeón de la Vida. Así pues, la compleja historia de viajes en el Tiempo, de los Señores de la Ley y el Orden y del Magus es simplemente la prueba que debe superar Warlock para estar en condiciones de enfrentarse a Thanos con probabilidades de triunfo. Una dura prueba mental, como es típico de Starlin,  que supone derrotarse, cuya superación implica  la metamorfosis, porque conocer nuevas cosas nos cambia, y la perdida del miedo, en este caso a la muerte, porque eso aumenta nuestro potencial, de modo que el resultado es la autosuperación y la perfección pues también es la aceptación del lado negativo y de la locura personal. Así, después de esta historia Warlock ha quedado como un nuevo personaje que, como Thanos, sólo puede ser manejado con solvencia por su recreador pues, quitando a los grandes, ningún guionista mainstream tiene la suficiente cultura para dar entidad al substrato esotérico y místico que les dio Starlin.
Metiéndonos en cuestiones estrictamente narrativas hay que decir que en La amenaza de Thanos este lo hace mejor que en su primera historia porque la experiencia ayuda al talento. Así, el dibujo es mejor, pero sigue pensado para el B&N (se nota que el autor fue fanzinero antes que fraile) con lo que muchos efectos del entintamiento se pierden con el color. Sin embargo su creatividad, casi al nivel del de Kirby, sigue atascando el fluir narrativo o dispersa la historia. Esto se evidencia en la cantidad de viñetas que Starlin necesita para contar la historia, su media debe ser el doble de la del mainstream clásico y el triple del actual, su historia no le cabía de otra forma. La ausencia de un tono coherente  en la narración es otro elemento narrativo negativo porque descoloca, Starlin utiliza diferentes voces narrativas (primera, tercera, etc.) y, además, de tanto en tanto rompe  la 4º pared, si bien hay que reconocer que esto no se notaba leyéndolo en su edición folletinesca original. Así, la historia queda demasiado liosa y densa de tal modo que el resultado, aunque chulo, es inferior al que el autor hubiera conseguido si se hubiera parado a pensar y racionalizar sus esfuerzos y sus ideas. Queda claro leyéndola que es un trabajo de juventud pues ningún esfuerzo ni ninguna idea se escamotea o se reserva y el plan que se sigue es un simple bosquejo. Si eso en la Guerras de Thanos se veía en como el diseño de Thanos se fue creando a medida que progresaba la historia, aquí con el de la matriarca, que tiene el rostro de M. Dietrich, y el de Gamora. Aún así Starlin tenía la idea principal pensada pues mantiene el interés del lector en la historia intrigándole en el comienzo con la desvelación parcial  del final. 
Así pues, el tomo Warlock: La amenaza de Thanos es una de las grandes historias del Universo Marvel aunque, como destaca más por originalidad y gafapastismo que por calidad, no está entre los primeros puestos. Por ello el único pero que tiene es la edición de Panini. Pasa que, además de que el color no luce como podría por la elección del papel, es demasiado grueso como para leerse con comodidad. Creo que sacrificar esta a cambio del completismo no es óptimo cuando hay que superar las 250 páginas. Por otra parte, los abundantes extras de este tomo, equivalentes a una grapa, curiosos los bellos lápices de A. Weiss que quedaron inéditos, como es habitual no aportan nada por lo que ahorrárselos hubiera estado bien en cuanto precio y comodidad de lectura. Si conseguimos olvidarnos de eso Warlock: La amenaza de Thanos es una grata lectura (como siempre más si no se lee como algo aislado) y un buen ejemplo de que la Marvel de antaño era diferente, dejaba hacer a sus autores y arriesgaba y así obtenía como resultado historias únicas, el primer paso a lo legendario, y no refritos. Modo abuelo cebolleta off.

21.12.12

¿Quién anda ahí?, Quino, Lumen 2012

En el 2009 Quino dijo que se retiraba para refrescarse. Por eso no sé si este libro es producto de su vuelta o lo que quedaba por ahí, pues el hasta ayer último libro de él publicado por Lumen es del 2007. Hay 2 años en los que presumiblemente Quino siguió en activo. En todo caso, sea este su último libro o no, con esto termino el repaso de toda la obra gráfica de este genial autor, excluyendo Mafalda, publicada en España.
 
Leer de forma seguida una obra de humor gráfico editada durante cerca de 50 años hace que se aprecien muchas cosas sobre ella. En este caso las dos más importantes son que Quino es un autor y que no hemos cambiado en nada todo este tiempo a pesar de la prosperidad y el gran avance tecnológico. A lo largo de estas 14 obras, si no he contado mal, el humorista argentino reflexiona, su humor es siempre filosófico y por eso genial, sobre los mismos temas, el capitalismo de consumo, la democracia de masas, la Medicina, la cocina, la familia, la edad (cada vez más presente), el cristianismo y el sexo. Todo con un toque progresista y moderno, aunque el siglo XXI ya se le hace bastante incomprensible.
 
El otro tema da mucha tristeza a pesar de Quino. Los temas sociales, otra cosa que distingue a este autor es su compromiso social, siempre son los mismos, la pobreza, las desigualdades sociales, la codicia y egoísmo de los ricos-Primer Mundo, la deshumanización, la crisis (la de los 70, la de los 90 y la actual), la tragedia del Tercer Mundo, etc. Todo un catálogo que prueba que el progreso nunca es tal, ninguno de los problemas que había hace 50 años, que ya están presentes al principio de la Historia, se han resuelto. Ahora somos más listos, más ricos, más sanos, más pacíficos y más sabios pero nada de ello ha resuelto el origen de la mayoría de los problemas tratados por Quino, el desigual reparto de la riqueza resultado del despotismo y de la codicia. Ni los ricos ni los poderosos han hecho nada por hacer más justas las reglas del juego que la humanidad se ha dado que rigen la vida de las personas y los estados. Este es el legado de la obra de Quino.


 



 

13.12.12

Videados 109: César debe morir, P. y V. Taviani 2011

César debe morir es la mejor película de este año ya que es difícil que en lo poco que queda surja algo mejor. No es brillante, espectacular o espléndida, es notable, pero hoy en día eso basta para destacar. Si bien es cierto que la película cuenta con la ventaja de que el guión es de Shakespeare.

La película simplemente es otra versión de Julio César, una de las mejores tragedias del inglés. Una versión inteligemente reducida porque la intensidad, la tensión y la emoción de la pieza teatral original están intactas aunque dura menos de la mitad que esta. Lo que hace especial a César debe morir es que su metraje son los ensayos de la obra a cargo de la compañía teatral de una cárcel en funcionamiento. Esto es, los actores son presos. Todos con muchos años de condena, algunos con cadena perpetua. Así pues, la película más que teatro filmado es un docudrama puro pues los Taviani se limitan a filmar sin intervenir dejando de vez en cuando en el metraje final los conflictos de los actores o los comentarios de los mismos sobre lo que están haciendo.


El resultado es notable porque los actores-presos están, todos, muy bien, sin duda muy motivados y con ganas de vindicarse, algunos de sobresaliente (en mi opinión César, G. Arcuri, digno y vanidoso como debió ser el personaje histórico y F. De Masi, Trebonio, que da la nota humana en la descarnada lucha por el poder que relata la obra), En ese sentido el casting es impecable. También César debe morir es notable por como los Taviani aprovechan la cárcel como escenario de las diferentes escenas, demostración de que con ingenio y talento nunca hay limitaciones, y la banda sonora, que es muy potente. Lo único que estropea el resultado final es el exhibicionismo y la tendencia al melodrama de los actores cuando no están interpretando, algo propio de los italianos, porque no queda claro si en esos momentos fingen o no.
El resultado es una película compleja y diferente que puede mirar a los ojos a la reputada versión de Mankiewicz, plagada de los mejores actores shakespirianos del siglo pasado, pues es más cinematográfica y su latinidad viste mejor a los personajes que el bárbaro idioma inglés y la gravedad de los actores ingleses. Conserva del original el certero análisis de la política (las masas siempre manipuladas mediante la información tanto antes como después de Jesucristo), que siempre hace pensar, el fino retrato de la mentalidad clásica y el canto a la libertad y a la dignidad (quizás por eso los Taviani eligieron esta obra), pero eso no es lo importante ya que lo tienen todas las versiones, pasadas y futuras, de Julio César de Shakespeare. Lo que eleva y diferencia a César debe morir es su demostración de que (la gran mayoría de) los delincuentes son humanos, no esos depredadores que sobre todo el cine yanki nos quiere hacer creer, pues para ser actor se necesita ser empático. De hecho la especial situación de un preso, tanto las razones que lo han llevado a la cárcel como el encierro, le capacita mejor para empatizar con
 ciertos personajes de la Antigüedad pues, como ellos, conocen la muerte y el lado oscuro de la humanidad de primera mano (la estrella de la compañía teatral de la cárcel es un preso condenado a cadena perpetua por homicidio). Así, César debe morir nos recuerda que el Arte está allí donde hay sensibilidad y que esta puede estar en cualquier sitio, que este nos hace trascender (permitiéndonos ser uno de las personas más importantes de la Historia o llevándonos al pasado por ejemplo) y que este es capaz de la catarsis; los presos, presos son pero ya no son los mismos ni nosotros los vemos igual. 

7.12.12

Critiquita 360: Warlock. La saga de la Contratierra, varios, Panini-Marvel 2012


Tenía muchas ganas de leer La saga de la Contratierra porque las referencias a la susodicha, no conocía esta historia de primera mano ya que me aficioné a la parte cósmica del Universo Marvel a partir de Thanos quest, me habían hecho creer que la versión del Nuevo Testamento en clave superheorica y marvelita estaba chula. Lamentablemente eso no es así. La historia en cuestión es floja, tan solo merece la pena la parte final.

La saga de la Contratierra surgió porque el vanidoso Thomas se flipó con Jesucristo Superestar y quiso hacer algo parecido en el mainstream. Narrar una historia de mesianismo donde el redentor era un superhéroe. Por ello necesitaba una nueva Tierra pues aquel debía ser el único ser poderoso el planeta. Así, para contar su historia creó la Contratierra. Una versión de la Tierra marvelita igualita en todo a la original salvo en que no tiene superhéroes. Reed Richards y demás están pero no se han convertido en superhéroes. La premisa mola incluso hoy en día y Thomas planeó la historia para que durase tres años, algo que en lo que se adelantó a su tiempo pues en aquella época nadie hacía planes a largo plazo, pero la cosa pronto se torció ya que rápidamente abondonó su proyecto personal para ser el mandamás editorial de Marvel y el dibujante de este, G. Kane, por debajo de su nivel, lo hizo poco después de la partida de aquel. De esta forma la cole pasó de una pareja de prestigio implicada personalmente en el proyecto a una pareja de mediocres, M. Friedrich, un guionista vulgar, y B. Brown, un dibujante bastante limitado, para la que la cole era otro curro más. Esto acortó considerablemente la vida de la serie.
Thomas no había hecho algo reseñable pero Friedrich no dio una. Su idea de sacar a la palestra al dr. Doom (con armadura pero benefactor, aunque trabaja para el gobierno de EE.UU., e íntimo amigo de su némesis en la Tierra marvelita) y a Reed Richards (aquí una especie de Hulk) de la Contratierra para intentar acercar la serie a un cómic Marvel al uso no evitó la cancelación porque eso no era el problema. Pero Thomas no cejó. Poco después de aquel abrupto final encargó al equipo creativo de Hulk de aquel momento, G. Conway y H. Trimpe, pues Hulk había visitado la Contratierra en su colección, que terminase la historia de Warlock que él había planeado. El resultado son los 3 mejores nº del tomo por ser los únicos decentes. No son gran cosa pero su buen uso de las premisas clásicas de Marvel, simplicidad, concisión, maniqueísmo y acción, hacen que la cosa sea ligera y entretenida. Por otro lado, H. Trimpe es un dibujante muy pobre pero es competente y expresivo y eso da a su trabajo un aire naif que encaja muy bien con la esencia pop de los superhéroes y con el color sencillo y plano de la época. Además, es capaz de hacer una cita culta, homenajea a la Última Cena de Leonardo. Referencias de este tipo yo sólo se las he visto a Giffen y a Quitely.
Así pues La saga de la Contratierra es una historia ambiciosa y audaz muy mal resuelta. La idea de Thomas de tratar de hacer catarsis de la angustia de la crisis de los 70 que había polarizado a EE.UU. con un cómic Marvel versionando el Nuevo Testamento es buena y era pertinente y daba para mucho. Se podía explorar la tierra Marvel sin superhéroes, iniciar el Universo Marvel una década después, salir de EE.UU., hacer una reflexión sociológica, humanística o religiosa, etc. pero a los guionistas Thomas, que acierta retratando el conflicto generacional de aquel momento, y Friedrich no se les ocurrió más que hacer historias confusas de tollinas. Así se cargaron el título ya que este no podía mantenerse en el mercado (sólo duró 8 nº bimestrales) sino demostraba ser especial pues tenía en contra para ser otra más el no tener el apoyo de la Tierra Marvel y villanos variados con los que jugar (sólo el Hombre-Bestia y sus secuaces, todos inferiores a Warlock), estar protagonizada por un personaje desconocido y tener una premisa excéntrica. Conway cerró el desaguisado para que Thomas viese cumplido de algún modo su proyecto, pero lo hizo tan pobremente y pedestremente, no podía hacer otra cosa con los mimbres que le habían dejado, que el primer intento de convertir la creación de Lee&Kirby Él en un personaje con entidad resultó fallido. Sólo se consiguió bautizarle como Warlock.
El tomo de La saga de la Contratierra es como un Marvel Gold cualquiera. No tiene el papel ideal para el material que presenta pero es bastante fiel al original en tamaño y color. Además de esto tiene un pero. Falta el nº 158 EE.UU. de Hulk. Ya que la intención de estos tomos es presentar las historias completas, la ausencia de este nº es clamorosa  pues es constantemente invocado en el tomo. Seguramente no está porque en la edición Marvel no está, pero Panini es una editorial no una fotocopiadora por lo que debería aportar algo a sus productos que animen a adquirirlos en vez de los estadounidenses.
En fin, pues un tomo clásico que tiene su importancia ya que es clave para el desarrollo de Warlock, un personaje clave de los 90. Sin embargo en ningún momento su calidad invita a asomarse a él. Versionar el Nuevo Testamento era una buena idea porque tenía muchas posibilidades y era fresca y original pero eso da igual ya que La saga de la Contratierra se abordó con poco interés.
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