22.11.12

Critiquita 359: American Flagg!, H. Chaykin et al., Norma 2012

El Cine ha hecho que el Cómic dé dinero. En EE.UU. eso ha atraído a gente que ha creado editoriales. Como es difícil introducirse en el mercado estadounidense por el sistema cerrado de la tienda especializada, estas han a recuperado viejas glorias del cómic yanki como ariete. Así, se han vuelto a ver por allí Dreadstar, Starstruck y American Flagg! Por ello en España hemos podido volver a disfrutar de ellas precisamente gracias a editoriales que, incapaces de acceder al mainstream, publican material yanki comercial. Nos vamos a ocupar de la última, publicada en un tomaco incómodo de leer, por Norma a principios de este, ya moribundo, año.
La gran crisis de los 70 convirtió a EE.UU. en un lugar efeverscente no dominado por grandes empresas y con un gusto por la Ciencia Ficción, en parte por aquello de que el presente era algo chungo y en parte por el petardazo de Stars Wars. Esto propició que en 1982 comenzase la década de Oro del cómic estadounidense que alcanzó su cenit en 1987 con Watchmen. A finales de 1983 (así que estamos hablando de una antigualla, casi 30 años) apareció American Flagg! Como los otros cómics mentados, de Ciencia Ficción, pero de mayor impacto y quizás mejor calidad. Dreadstar, al margen de sus preocupaciones filosóficas y humanísticas, es un Space Opera corriente y visualmente clásica y Starstruck es una obra delirante e inclasificable pero visualmente clásica, por ello quien lo petó fue el cómic de Chaykin. Es menos pesado y más vistoso que Dreadstar (por eso ha envejecido mucho mejor) y más comprensible y más dinámico que Starstruck (tan moderno que aún no hemos llegado a él).

American Flagg! es una serie regular que, como todas las autorales, fue perdiendo fuelle con el tiempo, pero su comienzo fue explosivo. Este inicio es lo que contiene el tomo de Norma, 14 nº (y un breve especial posterior) que forman una primera historia tripartita con epílogo. La parte del león es, menos el color, obra de Chaykin, uno de los autores de cómic modernos estadounidenses más importantes. Se sitúa en un futuro cercano en el que Occidente se ha hundido por una catástrofe atómica de modo que su elite se ha trasladado a Marte. Aunque Chaykin no trata de presentar un futuro plausible, American Flagg! no es  escapista. Todo lo contrario, es regeneracionista. American Flagg! es una obra comprometida con su tiempo, trata de colaborar en la reconstrucción de un EE.UU. roto por su caída en el pozo de los 70 (Nam y las crisis económica y política). El futuro que  presenta es la exageración casi hasta la caricatura de las ideas sombrías que había en aquella época sobre este porque la intención de Chaykin es criticar aquel decadente presente y, sobre todo, a la derecha estadounidense  (que, como vemos en el Tea Party, sale a la luz cuando su país está en crisis) por su demente y sesgada idea de lo que es la esencia de EE.UU. La obra apunta a la política de Reagan, el presidente que pensaba que volviendo a los 50 los problemas de su país se arreglarían. Chaykin cuenta la historia de como Reuben Flagg, un ranger, acomete la regeneración moral de un EE.UU. hundido  recurriendo al imaginario de aquella década (la de su infancia), unos tiempos más éticos por sencillos,  para criticar la visión estrecha, la mercantilización de la sociedad y el gusto por las armas y la violencia de esta pero sin caer en la complaciencia, en la deformación o en la ciega añoranza (como Reagan) pues ante todo el autor es un tipo rebelde, irónico y transgresor. Sus obras siempre son adultas porque son difíciles y sexuales sin melindres (bondage y trasvestismo). Esto y el cuestionamiento de la idea de lo que es la esencia de EE.UU. de la minoría estadounidense de ultraderecha (hombres blancos, protestantes, machistas, racistas y armados), no puede ser de otra forma pues Chaykin es judío, es lo que diferencia a American Flagg! del discurso pueril, conservador y pronvinciano de Reagan que se encuentra muy bien explicado en la filmografía ochentera de Stallone (sobre todo en Rambo III y Rocky IV) y Norris (sobre todo en las sagas Desaparecido en combate y Delta Force e Invasión USA; no las vean en sus casas).

Pero no fue eso sino su aspecto lo que hizo que la obra de Chaykin causase gran impacto. Este  autor es un dibujante (muy influenciado por G. Kane) torpe y tosco, pero, como Miller, es un genio narrativo de forma que sus grandes carencias son disimuladas por la potente historia, su desarrollo y por su narración en imágenes. De este modo en American Flagg! encontramos un aspecto visual muy potente y dinámico, tanto que no ha envejecido nada, y una forma de hacer las cosas que ha influido en todos los autores posteriores (incluso en J. Lee aunque no se note en nada). En sus páginas encontramos un uso perfecto e imaginativo de las onomotapeyas que preludia al hecho por Simonson en su celebrado Thor. También el uso de la tv como elemento narrativo que posteriormente consagrará Miller en su Batman: Dark Knight y la concepción de la página como un todo estético que usará con menos acierto y potencia Charest entre otros. La narrativa en un cómic, además de visual, es literaria y en ello también impactó Chaykin. Su prosa literaria, la integración y la complementariedad de textos e imágenes, la complejidad del argumento, el no explicar todo, la riqueza del mundo de ficción creado, la socarronería y la superación de la acción para llenar una grapa son elementos que encontramos en las obras de Moore y Morrison y también en las de brillantes artesanos como Giffen&DeMatteis. Su sitcom JLA/E tiene su origen en American Flagg! Una idea de lo seminal que es este cómic lo da su enorme influencia en el Batman, el DD y, sobre todo, la saga Martha Washington de Miller, un autor más capaz que Chaykin. El futuro distópico estadounidense, la crítica a Reagan y el diseño de la protagonista (claramente es Medea) de esta última obra están inspiradas por American Flagg!

Así pues, American Flagg! es una lectura para adultos muy interesante y divertida e indispensable para el aficionado al cómic estadounidense. Va de más a menos, pero el carisma de sus personajes, su frescura, su originalidad, su solidez, su valentía, su ambición, su tosca potencia visual y su dinamismo mantienen siempre la atención y nunca dejan de sorprender. No extraña por ello que no haya envejecido, estar situada en un futuro ficticio, el certero conocimiento de la humanidad de Chaykin y situar el conflicto entre la ética y el dinero lo han convertido en un clásico.

20.11.12

Por fin terminó Hickman su megasaga de los 4 Fantásticos

Al fin. Casi tres años ha llevado terminar el hype que es la megasaga de Hickman en los 4 Fantásticos. Hemos tenido suerte porque ha ido más rápido que en EE.UU. Estaba deseando quitarme el muerto de encima. Dinero para otras cosas. Qué tostón.
 
Al final ni el viaje ni la llegada han merecido la pena. El trabajo de Hickman no es malo pero es muy mediocre. En ningún momento el guionista (ni los dibujantes, pero eso es culpa de la editorial) ha justificado con calidad que la saga haya sido una megasaga. Tampoco que el tramo final se contase en dos coles simultáneas que contaban lo mismo pero desde otro punto de vista. El ritmo ha sido innecesariamente lento, la historia es irregular, el dibujo -salvo el principio a cargo de Eaglesham- ha sido pobre y tosco, el nº final es basura y el resultado es de lo más tópico y vulgar. Las 30 grapas españolas que ha llevado, muchas -demasiadas- dobles, no merecen la pena. No compensan ni el tiempo, ni el esfuerzo, ni el dinero que han costado, ni el espacio que ocupan en mis estanterías sobrepobladas. Sólo me parecen interesantes las 3 1º. Hacía tiempo que había tirado la toalla pero me esperaba que el final fuese espectacular y revolucionario de algún modo. Por eso me ha parecido tan decepcionante que haya resultado ser uno de los nº más flojos de la megasaga. Pelea entre Galactus y los Celestiales en viñetas pequeñas y con narrativa pésima. Qué les pasaba por la cabeza a Hickman y a Epting?
 
Por qué la he soportado? Pues porque no es mala y tenía un final prefijado que estaba cercano cuando me harté definitivamente del invento. No soy masoquista (y sin espacio y cada vez con menos dinero menos). La cosa se deja de leer y el argumento es bueno, lo malo es el desarrollo lento, la irregularidad (hay muchos nº malos o vacíos), los mediocres dibujos, la infrautilización de casi todo los elementos de la historia (al final no son necesarios ni tantas ciudades, ni tantos personajes, ni tanta mandanga), que más que los 4F la cole se titulaba Reed Richards, la inclusión de Spiderman ($$$), que todo el pescado estuviese vendido mucho antes de terminar la historia, que deshaga cosas interesantes recientemente acaecidas (lo de los inhumanos y los kree), la falta de conexión de una historia tan crucial con el resto de lo que acontecía en el Universo Marvel, la vulgaridad de todo, las numerosas chorradas (cómo Franklin va a tener miedo de tirarse? Es un niño con poderes!) y la nula repercusión de tan magna historia. Al final, como siempre, perro ladrador poco mordedor. Demasiada palabrería. Demasiada paja. El espacio ha excedido con mucho lo que tenía que ofrecer Hickman.
 
Alguna cosa buenas tiene el asunto pero casi se ahogan por falta de aire. La ambición siempre puntúa -sobre todo en un medio industrial, el personaje de Valeria -el más interesante porque es el único que no es plano, bonachón o simple, el personaje de Bentley -creación con potencial que será olvidado porque está obligado a no crecer- y como deja a Muerte (si bien dudo que sea explotado). Poca cosa entre tanta mediocridad.
 
Así pues, la gran historia de Hickman en los 4 Fantásticos es mucho ruido y pocas nueces porque al final es un globo gris demasiado hinchado. No es que lo diga yo, sino que soy otro más que lo dice. La repercusión entre el fandom de esta cosa ha ido disminuyendo con el tiempo hasta el punto de que el final de esta megasaga ha pasado casi totalmente desapercibida. Ahora a reunir fuerzas para sus Vengatas. Espero que Hickman haya aprendido qué no se debe hacer.

15.11.12

Relectura LXXXV: Vida y muerte del Capitán Marvel, J. Starlin et al., Panini-Marvel 2011

Vida y muerte del Capitán Marvel es un tomo fundamental para el desarrollo del Universo Marvel ya que incluye la primera historia de Thanos en los cómics (y en cualquier otro lugar) conocida como La Guerra de Thanos y la historia La muerte del Capitán Marvel. Ambos relatos son mediocres pero 40 años después siguen siendo lecturas frescas y singulares porque las preocupaciones autorales de Starlin los dotaron de originalidad y vigencia.


Starlin es un gran autor. No es de los grandes pero su hondura y pericia narrativa han hecho que, a pesar de que se repita mucho, sea un valor seguro, siempre ofrece un producto bien hecho, interesante y original (respecto a los demás autores, no respecto a sí mismo). La Guerra de Thanos procede de los comienzos de su carrera, por ello no es de sus mejores obras. El dibujo, mediocre siempre, tiene ya su estilo característico, figuras alargadas, realismo, rayismo, rigidez y posturas retorcidas, pero todavía está crudo (los rostros son muy flojos) y la historia está bien desarrollada pero es irregular, simple, forzada, demasiado larga y avanza a trompicones. Así, las cosas que hacen interesante una historia mediocre son su buena narrativa y dos últimos elementos que han hecho que este tomo sea origen y fuente inagotable (de momento) de cómics, los conceptos que subyacen a la historia y los personajes creados por Starlin, entre los que destaca Thanos.

En este (ultra)supervillano reside gran parte del interés del tomo porque es sumamente singular, complejo y atractivo. La peculiaridad fundamental de Thanos en mi opinión es que es un supervillano atípico. Es una alegoría de los dictadores megalómanos y crueles del siglo XX como muchos de los supervillanos (como su principal inspiración, el gran Darkseid), pero tiene una serie de elementos que los distinguen de cualquier otro mucho más que su enorme poder y condición cuasidivina (es nieto del Cronos marvelita y sobrino del Zeus marvelita). Aunque Thanos en un principio es un ser unidimensional en tanto que representa el Mal (thanos es muerte en griego y psiconalíticamente hablando es el impulso destructor del humano), un ser exento de sentimientos positivos, es un personaje muy humano, es decir verosímil, por sus múltiples contradicciones y debilidades vulgares. En un principio Thanos es el opuesto de Eros (amor en griego y su hermano) pero ama, como sólo un romántico puede hacer, a la Muerte (que en el Universo Marvel es un personaje). Es frío, calculador y despiadado pero también es pasional hasta el punto de perder los estribos con facilidad y tan ambicioso que con frecuencia se le nubla el juicio. Es el primer supervillano posmoderno porque sabe que el conocimiento es el verdadero poder pero también es un ser de acción, su naturaleza competitiva hace que le agrade el combate físico. Por último, es un villano discreto, misterioso y oscuro, le encanta las bambalinas y ser el Amo de las Marionetas, pero también es teatrero, exhibicionista, soberbio y vanidoso. Quizás lo que mejor refleja la contradicción interior de Thanos, su Talón de Aquiles, que le salva de ser un supervillano de opereta más, es que quiere ser el soberano del Universo a la vez que el sirviente de la Muerte.  Por todo esto no funcionan sus Némesis. Siguiendo la lógica dialéctica su hermano Eros debería ser su opuesto, pero este personaje es poco importante en la historia precisamente por no contrastar lo suficiente con su hermano. Por ello Starlin creó a Drax El Destructor, pero este sigue sin ser una Némesis apropiada por su simpleza. Un personaje tridimensional no puede tener una Némesis porque no representa una posición o concepto bien definido. El Capitán Marvel no cumple bien ese papel, por ello acabó surgiendo Warlock, pero sí puede ser un buen antagonista para Thanos ya que gracias a Starlin pasó a ser contradictorio (un guerrero que lucha por la paz, un soldado que no mata, un mortal omnisciente) y a tener un interés opuesto al de Thanos, cosa que no tienen Eros y Drax.

Por otro lado, en el plano metaficcional Thanos es un personaje gafapasta, torturado, profundo, intelectual, en un contexto pop. Es así porque Starlin es un gafapasta. Sus historias son filosóficas y psicológicas y bastante autobiográficas. También teológicas, siempre hablan de la divinidad y de la religión y del papel del humano en un Universo religioso. Así, sus historias tienen un indudable tono místico (por ello sus figuras son tan alargadas como las de El Greco). Esto evidentemente está fuera de lugar en un medio industrial, comercial y pop como es el género superheroico, pero como en el fondo habla Starlin de la angustia (de modo que conecta con las preocupaciones éticas de origen cristiano de Lee) y nunca pierde de vista el entretenimiento esto, en vez de ser un handicap, es lo que ha hecho que su obra sea singular y la mejor parte de ella forme parte de los clásicos estadounideneses. El conocimiento de Starlin del psicoanálisis, de la mitología, de la filosofía oriental y de la Historia hacen que sus historias al hablar de temas eternos sean diferentes y sus protagonistas más tridimensionales de lo habitual en el mainstream. Esto se ve claramente en que su Capitán Marvel es el único personaje relevante del ciclo superheroico que no ha sido resucitado y que Thanos realmente sólo funciona con Starlin. En manos de otros, salvo un poco en las de Marz, es un supervillano de opereta más porque su personalidad contradictoria y torturada, reflejo de su creador (al igual que las posturas forzadas, un poco a lo Laocoonte, que este dibuja), excede las habilidades autorales del guionista medio mainstream. Por ello generalmente las historias de Starlin tienen algo en común con las tragedias griegas. En ambas la condición sobrehumana de los protagonistas no impiden que el humano, griego o no, corriente se identifique con ellos. Esto es así porque Starlin destaca sobre la lucha entre el Bien y el Mal típica del género superheroico, la lucha interior por mejorar para poder alcanzar nuestros deseos. Así, con Starlin lo que siempre derrota a Thanos no son los superhéroes sino su incapacidad para progresar y superar su Talón de Aquiles (por eso Starlin cada vez lo dibuja más ancho y masivo). Por eso siempre vuelve mientras que su brillante oponente, el Capitán Marvel, no. Starlin, con la primera novela gráfica Marvel, La muerte del Capitán Marvel, al hacerle transcender, culminó la ascensión de este personaje. Gracias a ello es el único superhéroe que ha conseguido escapar de la naturaleza cíclica del mainstream (y seguirá así mientras el Cine lo deje en paz).

Editorialmente hablando este tomo es una buena idea que ha terminado en fracaso por dos motivos (obviando al insufrible y estúpido Fonseca). Si entendemos que es una edición para coleccionistas, material Marvel de los 70 de un autor olvidado no es carne para las masas, el tomo es claramente fallido. Falta el nº 125 EE.UU. de Los Vengadores. Podría asumirse la falta de un nº colateral si no estuviese incluido en el tomo el Marvel Feature nº 13, que  aún es más colateral. Es de esperar que la edición española adapte la edición yanki a la peculiaridad hispana, la corrija o la mejore. Limitarse a traducir cada vez justifica menos la existencia de una editorial. El otro fallo de la edición se debe a la naturaleza comercial del género superheroico. A principios de los 80 estaba de moda la novela gráfica europea en EE.UU. así que Marvel editó algunos cómics con color artesanal y tamaño grande, por ello hoy es un atentado editorial, el verlo así es lo que diferencia a un coleccionista de quien no lo es, publicar La muerte del Capitán Marvel sin respetar las condiciones originales de la edición. Se adquiere porque se asume que la industria ni respeta lo artístico ni el pasado (la publicación en solitario de esta novela gráfica respetando la edición original hoy es inviable).

Por tanto Vida y muerte del Capitán Marvel es una lectura interesante a pesar del lastre de la época y de la bisoñez de Starlin porque tiene cosas nuevas y cosas diferentes. Agrada leer una historia con un villano complejo y maquiavélico  que es ambiciosa en fondo y forma y presta atención al componente psicológico que tiene toda confrontación y tiene material esotérico. El conjunto no es muy allá pero es refrescante. Por no mencionar que es material imprescindible del Universo Marvel (y un precedente de Dreadstar, la gran obra independiente de Starlin). 

5.11.12

Elric de Melniboné en los cómics españoles

Al principio pensé en hacer un post sobre los personajes de Moorcock en los cómics españoles. Después desestimé la idea porque me iba a llevar demasiado tiempo para un texto que no iban a leer más de 100 personas (sí seguidores, son ustedes miembros de una minoría muy exclusiva). Al final readapté mi propósito a hablar sólo de los cómics de Elric de Melniboné publicados en España en vista de que mi enésima relectura de los cómics de ese personaje editados aquí concluía a la vez que Panini editaba el último cómic del personaje. Presentaré los cómics editados en España, más o menos la mitad de los que hay, en orden cronológico según la historia de Elric y no según su año de primera edición, ya estadounidense ya española. Pero antes una breve introducción sobre el autor y el personaje, ya saben que siempre escribo de más.
Moorcock, un inglés progresista comprometido cuya juventud transcurrió en los 60, es un mal escritor. Por ello cuesta leerle hoy pues estamos acostumbrados a que los escritores encumbrados sean por lo menos decentes (J. R. R. Martin es el gordo que confirma la regla). Esto curiosamente es culpa del propio Moorcock pues su importancia en la Fantasía más que por su obra escrita, crucial en la evolución del género, es por su labor como editor. Como tal revolucionó el género tanto en forma como en fondo. Como editor apoyó a escritores con talento literario, por lo que se diferencian de la mayoría de sus predecesores que eran poco más que juntaletras como el clásico Asimov demuestra, y nuevas temáticas que diesen una dimensión social, filosófica y psicológica a las típicas historias directas y estrechas de la Fantasía. Así, dio solidez al desarrollo interno del género. Este había aparecido para proporcionar escapismo y catarsis al lector poco formado de principios del siglo XX, pero a principios de los 70 su lectores eran jóvenes universitarios comprometidos de modo que exigían historias mejor escritas, con temas más humanos y que fuesen alegorías de la actualidad. El resultado son los clásicos de aquella época, novelas gordas y muy bien escritas en las que la Ciencia y la tecnología son algo secundario. En este panorama Moorcock es una rara avis por su escasa calidad literaria y la brevedad de sus textos. No obstante, estos son importantes porque como autor propuso muchas ideas, muchas extraídas de la mitología, que abonaron a la Fantasía, han alimentado a todos los autores posteriores tanto de novelas como de cómics (ahí tienen a los Targaryen y a Geralt de Rivia). Algunas incluso hoy en día siguen siendo alternativas a la típica Fantasía tradicional, es decir la de la escuela de Tolkien.
Elric de Melniboné, junto a Jerry Cornelius (a ver si alguien reedita su tetralogía de forma barata) la creación más importante de Moorcock, es un personaje clave en la Fantasía porque es uno de los dos héroes alternativos más importantes. El otro es Conan. Se suele decir que es un antihéroe pero en realidad no lo es, pues este es el hombre corriente y el melniboneano es de todo menos corriente. Si Conan es el primer héroe alternativo porque sus acciones y ocupaciones son opuestas al código caballeresco de los típicos héroes, Elric lo es porque es un freak, un atormentado y un hechicero. Si el héroe siempre es alguien fornido y saludable, Elric es débil y enfermo, muy parecido a un cadáver (o en manos de algunos ilustradores un delicado jovencito gótico), y usa drogas. Si el héroe típico es un hombre de acción, un tipo honrado, inconsciente y directo, Elric es un gafapasta (un Hamlet), un tipo traumado, reflexivo y cínico.  Si el héroe típico se enfrenta a la magia, Elric la usa. Así, es un héroe ambigüo, o como dirían los antiguos torcido, o de moral dudosa, no es un campeón del Bien o de la comunidad ni un defensor de la Justicia y los débiles. Esto permite unas historias más adultas, por no ser puerilidades maniqueas como las de Tolkien, y con más posibilidades. Además de esto Elric tiene otras tres características que le diferencian del típico héroe, su aura trágica, que lo conecta con los héroes griegos, no tener una novia eterna como el Capitán Trueno y el simbolismo de su espada, Stormbringer/Portadora de Tormentas/Tormentosa. La espada de Elric, como todas, es un instrumento de muerte, pero su autonomía y condición de fuente de vitalidad para su dueño pone de manifiesto la dependencia de la violencia del héroe, sin ella este no sería tal, y lo sesgada que es esta. Este no deja de ser un tipo agresivo que siempre es el villano de alguien. Un exterminador despreocupado porque nunca analiza  las razones del bando al que pertenece. Esto, el cuestionamente del héroe tradicional, es una constante de la obra  Moorcock (muy evidente en El Campeón Eterno, novela  interesante aunque dura de leer por su poca calidad literaria) seguramente porque le tocó vivir el desmantelamiento del Imperio Británico que dejó en evidencia la ficción de superioridad y heroísmo asociado a él. Todo esto hace que leer las novelas Elric sean interesantes y una experiencia fresca a pesar de lo mediocremente escritas que están y que tienen más de 35 años. Bueno, al turrón:
Elric: La forja de un hechicero: Moorcock no ha tenido nunca problemas en que sus creaciones aparezcan en los cómics. Por ello los ha cedido con gusto e incluso en ocasiones los ha guionizado. Es el caso del primer cómic que tratamos, que lo es porque se sitúa antes de la primera novela Elric de Melniboné, Elric de Melniboné. Editado por PDA, en 2008 en un formato pequeño y feo como parte de un plan para que la Fantasía la salvase del naufragio que era DC, es una historia dibujada por el W. Simonson con eficiencia y a su bola, sus Reinos Jóvenes son extraños y diferentes porque pasa de referencias medievales, que relata como Elric gana a su primo Yyrkoon la carrera por ser el sucesor del emperador Sadric LXXXVI. Es entretenida a pesar del formato feo, la grotesca ambientación de Simonson y que contradice en los detalles lo contado por las novelas.
Elric de Melniboné: es la colección de First que adaptó  al Cómic las novelas de Elric de Melniboné que medio publicó aquí Tebeos S. A. entre 1988 y 1989 (una lástima el fracaso de esta editorial porque lo que pretendía hubiera hecho dar un paso de gigante al mercado del cómic español; no era el momento porque proponía cómic adulto a un mercado mayoritariamente adolescente). A la editorial española le dio tiempo a editar 13 nº , las dos primeras novelas. Los 6 primeros (el que fuesen hechos para Pacific Comics y reeditados en tomo por First explica el que las portadas de esos nº en la edición española fuesen viñetas) fueron realizados por R. Thomas, P. C. Rusell y M. T. Gilbert y son de los mejores porque se benefician de adaptar una de las novelas más redondas del personaje, del estupendo trabajo que mezcla lo medieval con lo romántico del tándem de dibujantes (canon pues aunque P. C. Rusell es el segundo dibujante que ha tenido Elric es el que más se ha ocupado de él) y de que el vanidoso y plomífero R. Thomas está discreto. Los siguientes 7 números son bastante flojos primero por la novela, Marinero de los Mares del Destino, y después porque G. Freeman es un mal entintador de modo que deja en evidencia al pésimo M. T. Gilbert, el dibujo pasa de refinado y sofisticado (muy adecuado para los novelas) a pobre y tosco. Con todo este es el que mejor a capturado el aspecto cuasidiabólico y demacrado o vampírico de Elric.
Conan el Bárbaro nº 75 y 76 (1º ed.), 14 y 15 (2º ed; la mejor) y 3 (3º ed.): esta es la primera aparición de Elric de Melniboné en un cómic. Tiene su mérito porque en 1972 el personaje era de reciente creación. El argumento es del propio Moorcock (y su amigo J. Cawthorne) pero el guión es de R. Thomas (ser el guionista estadounidense más leído le ha permitido sobrevivir mejor que sus compañeros). Lo curioso es que se ambienta en algún momento de la 3º novela, El misterio del Lobo Blanco, que no se recopiló hasta 1977. El dibujante es el gran BWS que dibuja al Elric más raro, sin embargo el que más me gusta aunque es un poco soso, que es el de las portadas de la primera edición de las recopilaciones de los relatos de Elric. Así,  este va con un jubón verde que oculta una armadura, unas botas altas de montar de cuero, una capa corta roja y una especie de gorro frigio del mismo verde que el jubón (además de ir con el pelo corto). Es un díptico bastante bueno, aunque BWS aún está tosco, por la energía de los dibujos, la gravedad de la historia y la tensión entre Conan y Elric. Lástima que está no la explotó demasiado R. Thomas y nadie lo haya podido hacer después pues ambos personajes son opuestos. Uno es fuerte, brutal, directo, tosco, odia la magia y será emperador y el otro es débil, cruel, atormentado, refinado, hechicero y dejará de ser emperador. Esta gran pareja puede dar mucho de sí.
La Ciudad de los Sueños: es la primera adaptación al Cómic de un relato de Elric (el primero escrito por Moorcock). Pertenece a la 3º novela, a un momento posterior de la anterior historia. Es una adaptación de P. C. Rusell y de R. Thomas publicada por Marvel en 1982 en su versión del formato europeo y aquí por forum en 1984 en sus cole Novelas Gráficas Marvel. Es el mejor cómic de todos por el gran trabajo del dibujante, el atractivo dibujo y la buena narración hacen olvidar el pobre color (para los estándares actuales), porque la historia es simple pero original y tiene todo lo que hace grande a Elric de Melniboné, ser lo opuesto al típico héroe. Aquí el héroe destruye en vez de salvar, mata a su novia en vez de rescatarla y pierde en vez de triunfar.
Corum nº 10, 11 y 12: en las adaptaciones de las novelas de Corum de First publicadas por Tebeos S. A. aparece fugazmente Elric en la 3º, El rey de las espadas, para ayudar a Corum a obtener un tesoro que necesita para expulsar al Caos  de su plano. Esta historia se sitúa en algún momento de la 4º novela de Elric, La Torre Evanescente.
Elric. Stormbringer: es la adaptación al Cómic de P. C. Rusell de la última novela, Stormbringer, que en 1997 aún estaba por adaptar ya que First desapareció antes de poder terminar de adaptarlas todas. En España la publicó PDA en grapa (7 nº) y luego, hace poco, en un tomo recogiendo la historia corta introductoria guionizada por N. Gaiman (admirador del personaje) que por alguna oscura razón se saltó en la primera edición (sin duda el guionista británico no era el mismo en 1997 que en el 2010?; en el siglo XX Sandman lo editaba otra editorial y en el XXI PDA editaba Sandman). Tampoco es que sea importante. Es una historia de paso de la infancia a la adolescencia topicona, salvo por lo adulto de su tono, algo autobiográfica en la que el autor nos que cuenta que Moorcock fue el autor que despertó en él el deseo de ser escritor. Ya centrándonos en la miniserie, el trabajo de P. C. Rusell, que también dibuja la historia de Gaiman, es flojo. Lástima porque es el mejor y más espectacular libro de la saga. El guión es demasiado literario para un cómic y el dibujo, más caricaturesco y sencillo que el de los 80, no casa con lo apocalíptico de la historia.
Elric: El equilibrio perdido: lo anterior podía haberse parecido a la introducción de la edición de Panini, algo cara porque tiene demasiada paja y poco cómic, de lo último en Cómic del personaje. Pero esta editorial optó por encargar a un desconocido (tanto como yo) 2 párrafos que detallasen la comicografía de Elric Melniboné sin hacer mención a las ediciones españolas para cumplir con el trámite de dotar a todo tomo de una introducción. En fin, este tomo contiene una miniserie de 4 que, a pesar del título, no es una historia de Elric sino del Campeón Eterno de Moorcock. Parece, es que está inconclusa, una versión del Marinero de los Mares del Destino. Su argumento es que varias de las encarnaciones de aquel, Dorian Hawkmoon, Corum Jhaelen Irsei, Eric Beck y Elric de Melniboné, luchan en paralelo contra el último intento del Caos por romper el Equilibrio del Multiverso. El guionista, C. Roberson, le quita protagonismo en la historia a Elric (pero la editorial no) y se inventa a Eric Beck para así no espantar a los no leídos y tener más libertad. La opción no está mal (la historia se inserta en un momento indeterminado de la última novela de Elric y después de las novelas de Dorian y Corum) y se aprecia su intento de modernizar y aportar algo al Multiverso, la lástima es que la historia no es muy allá. Por su parte el dibujante, F. Biagini, sacrificando los fondos moderniza de forma atractiva el aspecto visual del Multiverso y ameniza bastante bien la un tanto topicona historia de Roberson. Si la conclusión es mejor que el comienzo, la presencia de Elric de Melniboné en los cómics será más asidua.

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